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Las pavesas ya relucen por encima de los tejados y un resplandor como el de un candilazo, nace de la plaza, que se escucha crepitar.


La calle de la feria se convierte en una pista donde ulagas ardiendo, niños y no tan niños al pilla pilla no paran de jugar.


Correr una ulaga es como sentir el aliento de un dragón que te quiere atrapar.


Las roscas y el chocolate no pueden faltar, al igual que un buen chorizo o lo que quieras asar.


El olor en el ambiente del lugar este día es diferente. La lumbre se mezcla con el surtido gastronómico puesto en las parrillas que desde cualquier parte del pueblo te hace salivar.


Y, cómo no, el peculiar y esperpéntico concurso de muñecos, que te saca carcajadas, viendo en ellos parecidos razonables con las gentes del lugar.

Nº004 La Candelaaria

19,90 €Precio
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