Nuestras palabras, nuestra forma de hablar, ponerle nombre a cosas que no lo tienen formalmente o que tienen un matiz que hace al propietario del concepto único del lugar.
Estas y otras muchísimas palabras hacen que la comunicación fluya, haciendo que entendemos exactamente a lo que nos referimos en una conversación.
Debemos cuidar este tesoro, al que forasteros menosprecian por no entenderlo.
El uso de estas palabras no lleva consigo el desconocimiento del resto de palabras de la RAE, sino que enriquecen aún más nuestro conocimiento y hace flexible la forma de expresarse.
Es un legado que permanece en el día a día en las calles del Lugar. Comercios, bares, zonas de recreo... en definitiva se respira en el ambiente.
Y yendo un poco más allá, de alguna manera, hace que nuestros antepasados sigan vivos.
